
Tu no serás jamás la febril cautiva
Que encadena que aprisiona el lecho
Tu no serás jamás la compañera lasciva
Donde la carne se consume y la frente empalidece
Guarda tu blanco perfume que desdeña el fasto
Tu no conocerás jamás los indolentes abandonos
Los sollozos compartidos que hacen el alma más grande
La duda y la ardiente debilidad de los perdones
Y por eso es que te amo, oh casta mía
Recogeremos esta noche los cardos místicos.
Que encadena que aprisiona el lecho
Tu no serás jamás la compañera lasciva
Donde la carne se consume y la frente empalidece
Guarda tu blanco perfume que desdeña el fasto
Tu no conocerás jamás los indolentes abandonos
Los sollozos compartidos que hacen el alma más grande
La duda y la ardiente debilidad de los perdones
Y por eso es que te amo, oh casta mía
Recogeremos esta noche los cardos místicos.
Renée Vivien


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