miércoles, 2 de mayo de 2007

Los cardos


Tu no serás jamás la febril cautiva
Que encadena que aprisiona el lecho
Tu no serás jamás la compañera lasciva
Donde la carne se consume y la frente empalidece
Guarda tu blanco perfume que desdeña el fasto

Tu no conocerás jamás los indolentes abandonos
Los sollozos compartidos que hacen el alma más grande
La duda y la ardiente debilidad de los perdones
Y por eso es que te amo, oh casta mía
Recogeremos esta noche los cardos místicos.
Renée Vivien

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