
Los hilos plateados de la noche se anudan a mis sueños
igual que la hiedra se enlaza al vientre del planeta.
Los escombros de la luna caen sobre mi corazón
y las constelaciones fluyen como espectros de agua
que dibujan eclipses ante mis pupilas.
El sol me ha marcado su emblema en la espalda,
el oleaje de los astros resucita mis ecos nebulosos.
Fragmentos míos se mezclaron con la raíz de las
estrellas;
mi médula es una cordillera que acaricia la boca del
cielo
y yo soy un ave que se anida en la cumbre de la aurora.
Andrea Olson


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