
En mi dedo tenía una sortija.
La brisa entre los árboles erraba.
El día estaba azul, cálido y bello.
Y me dormí sobre la yerba fina.
Al despertar miré sobresaltada
mi mano pura entre la tarde
clara.
La sortija entre mi dedo ya no
estaba.
Cuanto poseo ahora en este
mundo
es un recuerdo de color dorado.
Emily Dickinson


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