viernes, 17 de octubre de 2008

Pensaba que yo era


Pensabas que yo era como aquella,
que te sería posible olvidarme,
que me arrojaría sollozando
bajo los cascos de tu corcel.
Que pediría a las curanderas
cualquier raíz en agua maléfica,
y te enviaría un regalo temible:
mi favorito pañuelo fragante.
Maldito seas: Ni un gemido, ni una mirada
conmovería tu alma de roca.
Pero te juro yo por el Paraíso,
por la milagrosa imagen santa
y por el ardor de nuestras noches,
que nunca volveré a ti...
Anna Ajmátova

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