Constante sorpresa la de hallarme
donde no me busco.
Solitaria, errante,
esas imágenes.
Gastadas, perdidas,
renovadas
con cada alba,
en cada sima.
Ay de mí
del que amo
del que ya no amaré.
Una brújula
quizás un mapa
no más para este viaje
¿cierto?
Cálidos aromas que regresan.
Soles hundiéndose.
El mar es siempre uno.
Corolario de un ascenso peligroso:
¿dónde estabas cuando pedí auxilio?
Trasiego sombras y mundanales anhelos.
Si sólo pudiera desprenderme,
descolgarme, salir.
Mejor no hables.
Mejor yo también callo.
Pido sólo una cosa:
... sí, esto.
Sabía que era el fin.
No había por qué decirlo
Aixa Prados


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