sábado, 24 de mayo de 2008

Mientras tanto


Mientras tanto subimos la escalera
(de vez en cuando se oye a los que caen de espaldas),
nos paramos
un poco, alguna vez
(vacilamos, como una hoja
en el instante de arrojarse al aire)
viene
el vértigo a todo correr desde el vacío
y, cerrando los ojos,
nos asimos a nuestro ser más íntimo,
y seguimos
y seguimos subiendo la trágica escalera
colocada,
creada, por nosotros mismos.
Blas de Otero

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