lunes, 31 de mayo de 2010

Paraíso en ruinas


La ventana está abierta
y por una de las hojas
se cuela una brisa transparente.

La ropa, revuelta en el suelo,
delimita el mapa de una guerra
que se libró a golpe de silencios.

Ella culebrea entre las sábanas
y te dibuja con su cuerpo un te quiero.
Tú, sumido en el marasmo,
escupes al aire tu indiferencia.
Ella te mira con sus ojos mentolados
y tú sigues dando vueltas y vueltas
atrapado entre el ventilador del techo.

La noche avanza sigilosa y de puntillas
esparciendo su ceniza y sus brasas
sobre el colchón de esta cama tan vacía.

Ella apaga la luz de su cuerpo
y escondiendo una lágrima azul
bajo la almohada,
parece clavar entre las sábanas
una bandera, deshilachada y polvorienta,
que dice: se alquila paraíso en ruinas.

Pablo López Medel

domingo, 9 de mayo de 2010

Llanto


Cubro mi rostro con mis propias manos,
manos que no te tocan,
no te tocan porque no te alcanzan,
aunque agiten su ansiedad.
Ansiedad que es tormenta...
nubla mis ideas y enciende el deseo
hasta convertirlo en llanto.
Amanda

viernes, 7 de mayo de 2010

Crónica de un amor absurdo


he inventado tu boca
ofreciendo sonido a mi interior
ignoro
cómo debo llamarte
sábado
vino cálido
amor
sencillamente humo
o absurda pretensión desde la noche.

Lucía Ballester Ortiz

martes, 4 de mayo de 2010

Descuido


Te cerré la puerta
pero olvidé echar el cerrojo
a tu recuerdo.
Glòria Bosch

lunes, 3 de mayo de 2010

Lluvia


La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de soñolencia resignada y amable,
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje.
Es un besar azul que recibe la Tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante.
Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
y nos unge de espíritu santo de los mares.
La que derrama vida sobre las sementeras
y en el alma tristeza de lo que no se sabe.
La nostalgia terrible de una vida perdida,
el fatal sentimiento de haber nacido tarde,
o la ilusión inquieta de un mañana imposible
con la inquietud cercana del color de la carne.
El amor se despierta en el gris de su ritmo,
nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,
pero nuestro optimismo se convierte en tristeza
al contemplar las gotas muertas en los cristales.
Y son las gotas: ojos de infinito que miran
al infinito blanco que les sirvió de madre.
Federico García Lorca