
Perdón
por no estar,
por ser cobarde.
Por olvidarte durante el día
y soñarte cada noche,
desesperadamente.
Perdón
por cerrar puertas y ventanas.
Por echarte al olvido
y guardar tu recuerdo
en un baúl sin llaves.
Perdón
por amarte
y con la misma intensidad
—odiarte—
No quiero ser mariposa
de un día,
ni placebo que sustituya
a quien tú más amas.
Isabel Miralles


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