
Busqué el anochecer para el encuentro,
cuando es más cierta y oscura la entrega,
pero no hubo temor, como otras veces,
pues toda me ocupabas,
y hasta la sangre supo
que el don excedería a toda pérdida.
Aquí, en lo escondido,
me desprendí primero de lo dulce,
me reservé lo amargo.
Y qué olvidada de mí en la renuncia,
y qué ensalzado eras en mi carne.
Tú me ofreciste amparo de gozo y lágrimas
conforme a mi aflicción. Ahora dejas
que sea yo quien aparte el consuelo.
Sosténme en Tu tiniebla.
cuando es más cierta y oscura la entrega,
pero no hubo temor, como otras veces,
pues toda me ocupabas,
y hasta la sangre supo
que el don excedería a toda pérdida.
Aquí, en lo escondido,
me desprendí primero de lo dulce,
me reservé lo amargo.
Y qué olvidada de mí en la renuncia,
y qué ensalzado eras en mi carne.
Tú me ofreciste amparo de gozo y lágrimas
conforme a mi aflicción. Ahora dejas
que sea yo quien aparte el consuelo.
Sosténme en Tu tiniebla.
Mariana Colomer


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