
Pero él ya había dejado de ser una herida, se había convertido en una cicatriz, y por tanto, imborrable, no podía deshacerme de ella.
Porque lo que más duele no es dejar la vida, sino abandonar lo que le da sentido.
(Lucía Etxebarría, Beatriz y los cuerpos celestes)


No hay comentarios:
Publicar un comentario