domingo, 16 de marzo de 2008

Lecturas


Pero él ya había dejado de ser una herida, se había convertido en una cicatriz, y por tanto, imborrable, no podía deshacerme de ella.


Porque lo que más duele no es dejar la vida, sino abandonar lo que le da sentido.


(Lucía Etxebarría, Beatriz y los cuerpos celestes)

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