
Me desperté y no sabía dónde estaba
Sentí ruido de pájaros hambrientos detrás de la ventana
me senté al borde la cama y el mundo aún giraba
mis manos temblequeaban más que nunca
y la sed me corroía las vísceras más ansiosas.
Traté de ponerme de pie y mirar hacia afuera,
apenas alcance los plásticos que reemplazaban los ojos
de la claraboya,
Todo estaba empañado y daba a una quebrada.
Intenté balbucear una palabra, pero estaba mudo
¡Qué crestas, estaba pasando con mi caparazón!
me había vuelto huevón como Kafka
o todavía estaba curado.
Me recosté de nuevo en la pallaza
y dormí casi un siglo y medio con los mismos dramas
los mismos dragones y cucarachas
volví a despertar y estaba desesperado de sequía
en una micro abandonada
a la orilla de un barranco, al lado de mi casa.
Luis Badilla Castillo


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