
Las palabras
devienen madejas.
Las voy despegando,
las voy rodeando
hasta que pierden su sentido
locas de no ser.
Yo las amaso de nuevo
y les doy vida:
Nacen a ser mi pan,
nacen a ser mi vino,
no se arrugan
en el tiempo
de la zona eternal.
Margalit Matitiahu


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